Teotihuacan (náhuatl: Teotihuacan, 'Lugar donde fueron hechos los dioses') es el nombre dado por los mexicas a
los restos de centro urbano antiguo de Mesoamérica anterior a ellos y que alcanzó mayor apogeo durante el periodo
Clásico y actualmente una zona arqueológica localizada en el valle del mismo nombre, que forma parte de la Cuenca
de México. Dista a unos 45 kilómetros al noreste de la Ciudad de México y forma parte de los municipios de San
Juan Teotihuacan y San Martín de las Pirámides, en el noreste del estado de México. Aunque la ciudad llegó a tener
una superficie de aproximadamente 21 km2, en la actualidad el conjunto de monumentos arqueológicos que se
encuentra abierto a la visita del público representa aproximadamente la décima parte de la ciudad original.
Llegó a contar con una población de entre 150 y 200 mil habitantes en su época de mayor esplendor.
Desde el periodo mesoamericano, la ciudad de Teotihuacan fue objeto del interés de los pueblos que sucedieron a
los teotihuacanos en Mesoamérica. En el Templo Mayor de México-Tenochtitlan se han descubierto numerosas
reliquias de origen teotihuacano, por lo que se ha llegado a la conclusión de que entre los primeros exploradores
del yacimiento arqueológico se encuentran los propios mexicas. No fue sino hasta finales del siglo XIX cuando se
restauraron los monumentos más sobresalientes de la ciudad: los basamentos hoy conocidos como Pirámide del Sol y
Luna, localizados en las inmediaciones de la Calzada de los Muertos, llamada así por investigadores de principios
del siglo XX.
Teotihuacan fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. Es la zona
arqueológica de país con mayor afluencia de turistas, por encima de sitios como Chichén-Itzá o Monte Albán. A
pesar de lo que pudiera suponerse dada la gran cantidad de monumentos restaurados del sitio, las excavaciones
arqueológicas en Teotihuacan continúan hasta nuestros días, y han dado como resultado un paulatino incremento en
la calidad y cantidad del conocimiento que se tiene sobre esta ciudad, de la que, por cierto, se desconocen
cuestiones tan importantes como su nombre original y la filiación étnica de sus fundadores.
La ciudad prehispánica de Teotihuacan fue construida en un valle surcado por el río San Juan, que desembocaba en
el lago de Texcoco, cuya superficie en la actualidad se encuentra sumamente reducida. Este valle está rodeado por
la sierra de Patlachique al sur y los cerros Gordo y Malinalco al norte. Posee un desagüe natural hacia el vaso
de Texcoco por el suroeste.
Suele pensarse que la cuenca de México en tiempos antiguos estuvo cubierta de grandes bosques y caracterizada por
un clima menos árido que el que es particular de la región en la actualidad. Sin embargo, estudios
interdisciplinarios han mostrado que no existen grandes variaciones en el nivel de la humedad en el Anáhuac.
Es cierto que la presencia del ser humano en el valle de Teotihuacan, como en otras partes de México, ha
modificado de modo importante el paisaje.
La época de mayor apogeo de Teotihuacan corresponde al Clásico Temprano de Mesoamérica (ss. II/III-VI). Sin
embargo, los inicios de la ciudad deben colocarse en el primer milenio antes de la era común. Localizada
estratégicamente al noreste del valle de México, en las cercanías de la ribera norte del lago de Texcoco,
Teotihuacan se convirtió en la principal competencia de Cuicuilco durante el Preclásico Tardío.
En los primeros siglos de nuestra era, Teotihuacan pasó a ser un estado que fue ensanchando sus relaciones
comerciales y de tributación en gran medida en Mesoamérica, así como su influencia cultural. Durante su edad
dorada influyó sobre muchos pueblos vecinos e inspiró otras culturas además de legar conocimientos científicos y
culturales a las sociedades posteriores.
Hacia 650d.n comenzó su paulatina decadencia. La población se fue reduciendo por factores de orden social y
climático. En el siglo VIII alcanza ya el ocaso, aunque el valle no fue abandonado nunca. No se conoce la causa
de la decadencia y su total destrucción.
Estudios recientes demuestran que la decadencia de esta cultura pudo deberse a la mala administración y al uso
abusivo del entorno. Las casas se encalaban varias veces al año con cal extraída de la tala y posterior quema de
árboles que rodeaban la ciudad. Una tala indiscriminada durante años, aunada a una mala administración y al
descontento de la población, provocó posiblemente una rebelión en masa, que destruyó la ciudad, no en un día,
pero sí en pocos años.
Fue el padre Sahagún quien recogió de boca de los mexicas la leyenda que habla sobre la creación del Sol y la
Luna, los dioses a quienes están dedicadas las dos magníficas pirámides. Dice así:
Antes de que hubiese día, se reunieron los dioses en Teotihuacan y dijeron, ¿Quién alumbrará el mundo? Un dios
rico (Tecuzitecatl), dijo yo tomo el cargo de alumbrar el mundo. ¿Quién será el otro?, y como nadie respondía,
se lo ordenaron a otro dios que era pobre y buboso (Nanahuatzin). Después del nombramiento, los dos comenzaron a
hacer penitencia y a elevar oraciones. El dios rico ofreció plumas valiosas de un ave que llamaban quetzal,
pelotas de oro, piedras preciosas, coral e incienso de copal. El buboso (que se llamaba Nanauatzin), ofrecía
cañas verdes, bolas de heno, espinas de maguey cubiertas con su sangre, y en lugar de copal, ofrecía las
postillas de sus bubas. A la media noche se terminó la penitencia y comenzaron los oficios. Los dioses regalaron
al dios rico un hermoso plumaje y una chaqueta de lienzo y al dios pobre, una estola de papel. Después
encendieron fuego y ordenaron al dios rico que se metiera dentro. Pero tuvo miedo y se echó para atrás. Lo
intentó de nuevo y volvió para atrás, así hasta cuatro veces. Entonces le tocó el turno a Nanauatzin que cerró
los ojos y se metió en el fuego y ardió. Cuando el rico lo vio, le imitó. A continuación entró un águila, que
también se quemó (por eso el águila tiene las plumas hoscas, color moreno muy oscuro o negrestinas, color
negruzco); después entró un tigre que se chamuscó y quedó manchado de blanco y negro. Los dioses se sentaron
entonces a esperar de qué parte saldría Nanauatzin; miraron hacia Oriente y vieron salir el Sol muy colorado;
no le podían mirar y echaba rayos por todas partes. Volvieron a mirar hacia Oriente y vieron salir la Luna. Al
principio los dos dioses resplandecían por igual, pero uno de los presentes arrojó un conejo a la cara del dios
rico y de esa manera le disminuyó el resplandor. Todos se quedaron quietos sobre la tierra; después decidieron
morir para dar de esa manera la vida al Sol y la Luna. Fue el Aire quien se encargó de matarlos y a continuación
el Viento empezó a soplar y a mover, primero al Sol y más tarde a la Luna. Por eso sale el Sol durante el día y
la Luna más tarde, por la noche.
Esta leyenda explica así mismo el origen del nombre Teotihuácan 'lugar donde fueron hechos los dioses' ya que de
acuerdo con la leyenda es ahí donde dos dioses, el sol y la luna, empezaron a ser dioses (náhuatl teoti 'ser (un)
dios', teotia 'convertir (a alguien) en un dios', teotihua (ser transformado en dios').
Según la leyenda, sería en Teotihuacán donde los dioses habrían nacido. En este lugar donde el Sol y la Luna se
elevaron hacia el cielo, como testimonian las dos pirámides que les consagraron. No es asombroso que todas las
civilizaciones de la meseta mexicana dijeran descender de la civilización de Teotihuacán. El sitio es grandioso y
tan imponente que parece realmente haber sido construido por dioses. Pero no sabemos casi nada de los hombres que
poblaron esta ciudad en el siglo II de nuestra era. La ciudad contaba con más de 100.000 habitantes en su apogeo.
Teotihuacán fue destruida en el siglo VII, sin que se sepan las razones. La ciudad estaba desprovista de
fortificaciones y las pinturas descubiertas no presentan ningún rastro de violencia. Sin embargo, Teotihuacán
habría influenciado mucho al área mesoamericana. Todas las civilizaciones avanzadas de la región incorporaron el
estilo Teotihuacán a su arquitectura, como testimonian las representaciones de Quetzalcoatl, la famosa "serpiente
emplumada" que se encuentra prácticamente en todos los sitios arqueológicos de México y Guatemala.
La ciudad estaba bien diferenciada en barrios y centro de ceremonial religioso, donde se encontraban los
edificios de actividades administrativas y los grandes palacios, además de los templos y grandes pirámides.
Los sacerdotes tenían un papel destacado en lo tocante a la religión y la administración. Los arquitectos y los
artistas eran bien considerados y tenían talleres especializados. En cuanto al cuerpo militar, se conoce muy poco;
se sabe que no era una sociedad militarista aunque en la época final aparecieron con más frecuencia las
representaciones de militares en la pintura mural.
Los Monumentos:
La Calzada de los Muertos
Pirámide del Sol
Pirámide de la luna
La Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl
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